Esfumada
Observó su rostro demacrado frente al espejo, roído de óxido y suciedad, semejante a su ánimo. Cerro los ojos para olvidar la imagen, y se hecho un poco de agua en la cara para recuperar la soltura de los sentidos. Al salir del baño, lo encontró, vestido, sentado en una esquina del sucio y desordenado colchón, con ese asqueroso gesto de repetida e inevitable culpa, esa que lo agobiaba cada vez que tenía que recompensar el servicio, y partir con el corazón en un hilo. Los billetes arrugados en su mano ahorraban las palabras y destrozaban el aprecio que las caricias habían construido, ahora estaba cargado de esa irreverente indiferencia que lo hacía tan detestable y repugnante. Al arrebatarle de un tirón los billetes de la mano, cierto gesto de vacilación se dejó notar, quedando expuesta la falsedad de esa expresión de desprecio e indiferencia, y dejando en evidencia sus propias emociones. Los pésimos actores, el absurdo escenario, y la terrible actuación, dejaban ver entre sus ...